Por un instante nos situaremos en el Paleógeno. ¿Qué es eso?, pues nada más y nada menos que parte de un período importante de nuestra historia llamado Terciario, que se divide en dos partes: el Paleógeno y el Neógeno. ¿Qué dónde estábamos nosotros?, ustedes no sé, yo, al menos, no me encontraba por aquí aún, aunque algunos así lo piensen.

Y ¿qué pasó durante esa fase de la Historia de este planeta que todos y todas pisoteamos cada día?, pues nada más y nada menos que fue la época en la que desaparecieron los grandes saurios (nadie sabe a dónde se fueron, imagino que se quedaron esperando que naciera un tal Steven Spielberg para hacer de extras en sus películas) que fueron dando paso a los mamíferos, las aves, a los insectos, y a las grandes extensiones vegetales…, vaya se me olvidaba algo importante, para esta historia: apareció el Australopitecus, un pariente nuestro (bueno, esto en América, a fecha de hoy está en duda, yo en eso no me meto, cada cual es libre de pensar lo que quiera, conste que me refiero a lo de «pariente nuestro»).

En qué se basó Speilberg para crear su película, pues en la novela de Michael Crichton que nos sumerge en la teoría de que es posible hacer revivir a los dinosaurios a través de la sangre, que uno de los insectos que pudieron picarles, tuviesen en su interior, para así, conseguir su ADN, localizando material genético de dichos saurios, para poder ser clonados.

Uno de los componentes de este nuevo reino vegetal era una conífera llamada Pinus succinifera (pino), procedente de los bosques de coníferas subtropicales de Escandinavia, existentes hace 40 o 50 millones de años (o sea, como quien dice ayer mismo), la causante de la destilación de una sustancia resinosa, muy pegajosa, que brotaba para taponar las heridas de los troncos de estos árboles, llamada ámbar en la actualidad. Fue Plinio quien llamó a esa sustancia succinum «surgido del zumo arbóreo», debido a que al ser quemado olía a resina de pino. Los griegos creían que estas gotas eran las lágrimas que las ninfas derramaban sobre el mar; lo llamaron «electrón» (de ahí la palabra electricidad) ya que al ser
dad de atraer trozos de papel.Pues antes de que Plinio hablase y le colocase nombre, esta resina obtuvo un papel muy importante en la ornamentación corporal del ser humano. Fue la primera gema conocida utilizada para adornar el cuerpo.

Nuestros ancestros lo utilizaron para hacer objetos tales como: amuletos, abalorios, botones, pendientes, collares, anillos, boquillas de pipas para fumadores, adornos para bastones, objetos decorativos, etc.

En cuanto a colores que podemos encontrar: el blanco marfil, el amarillo, el naranja, rojo, marrón, verde, azul, negro, todos con diferentes tonalidades, a veces limpios o con veteado, pulido, en bruto o totalmente transparente.

En cuanto a su peso, increíblemente ligero, lo que nos descoloca cuando cogemos un trozo grande.

Los ácidos corroen esta sustancia por lo que no es aconsejable que estén en relación. Y por supuesto nada de echarles colonia. Por supuesto, a ninguna piedra semipreciosa o preciosa, o resina que nos coloquemos hay que rociarlas con perfumes.

Para limpiar la plata existen productos que reavivan el brillo y la coloración perdida, pero hemos de tener cuidado de no rozar el ámbar con esos líquidos, y de ocurrir lavarlos inmediatamente con agua. A veces basta frotar con un paño para que la plata vuelva a brillar, ya que suele ennegrecerse con la contaminación y el uso.

Yo suelo utilizar el mismo líquido que se usa para las vitrocerámicas, y con cuidado y la ayuda de un bastoncillo de oídos, limpio todo el elemento metálico. Luego lo pongo bajo el grifo, y listo, brilla como el primer día.

Para limpiar el ámbar hay que tener cuidado de que sea sólo con un paño humedecido o seco, ya que algunas piezas suelen estar sujetas con ciertos pegamentos que se disuelven en el agua, y por ello se podría desprender de su engarce, aunque la mayoría de las piezas de ámbar están bien encajonadas en su depósito de plata, sin otra materia que los una.

Los collares de perlas de ámbar suelen ir unidos con un cordoncillo de hilo lo suficientemente grueso para no romperse fácilmente.

Desde tiempos remotos ha sido utilizada por sus propiedades medicinales contra la gota, el asma y otras enfermedades por el ácido succínico que contiene.

Como propiedades mágicas se le atribuyen poderes energéticos positivos, siendo muy utilizado en la magia por ser portadora de energía positiva. Se dice de esta gema que provoca un bienestar general y que estabiliza física, espiritual y mentalmente. También se le atribuyen las siguientes propiedades:

  • Se dice que revitaliza el organismo.
  • Se utiliza como amuleto contra la mala suerte y para atraer la buena suerte.
  • También se dice que te libra del mal de ojos.
  • Favorece la virilidad y la fecundidad.
  • Si lo utilizas en forma de brazalete, el ambar elimina los dolores reumaticos.
  • Si lo utilizas en forma de collar , se cree que cura enfermedades de tiroide, bocio, paperas, enfermedades de oido y de garganta.
  • A los niños se les pone esta piedra para aliviar los dolores cuando estan echando los dientes.

Una prueba irrefutable e inquisitorial de autenticidad es clavarle una aguja previamente calentada, para así, comprobarlo, pues desprende un inequívoco y delicado perfume con olor a resina de pino, pero ¿vamos a hacerle eso a nuestra preciada joyita?

Existen otras resinas fosilizadas de poca antigüedad, como el Kopal, que proceden de Kenia, Tanzania, Madagascar y Colombia.

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Hay también sucedáneos o imitaciones hechas con polvo prensado, o simplemente reproducciones realizadas en plástico (aunque estas últimas son bien distinguibles a primera vista), pero a los no iniciados les pueden dar el pego. Mi consejo es tener buen ojo, y comprar en lugares donde sepamos que venden auténtico ámbar.

El ámbar recibe también los siguientes nombres: «el oro vegetal», «el oro del norte».

Y aunque en Centroeuropa existe una auténtica cultura del ámbar, siendo Polonia la que se lleva los laureles en cuanto a tradición, diseño y arte de esta gema resina, en España es una total desconocida.

Durante los siglos XVI y XVII se introdujeron dos técnicas revolucionarias para trabajar el ámbar: la incrustación y el verre églosimée.

ambar

Pero para qué irnos tan al norte, aquí mismo en Álava también podemos encontrar uno de los mayores yacimientos, con apenas unos 107 millones de años de antigüedad (se dice pronto), donde se han encontrado miles de insectos (moscas, mosquitos, arañas, cucarachas, escarabajos, avispas), flores, hongos, bacterias, y burbujas huecas que están llenas de agua y gases, todo ello proporcionándonos una información biológica sin igual, ya que en el ámbar hay códigos genéticos que están volviendo loco a más de un científico.

El culpable del boom ambarino actual fue el ya mencionado Spielberg en su película «Parque Jurásico» donde desarrolla una teoría genética a partir de un trozo de ámbar con bicho chupóptero de sangre, y sigue siendo Polonia la que se lleva el gato al agua en este arte tan seductor, hasta el punto de no dar a basto con tanta demanda de joya con bicho dentro, lo que ha provocado la moda en los fabricantes de colocar el bichito dentro de resina sintética (que también da el pego).

Como anécdota histórica me queda por hablar de la existencia de la Cámara de Ámbar del Palacio de Catalina la Grande de Rusia (ver foto), considerada una de las Maravillas del Mundo, hecha completamente de paneles de ámbar que reflejaban la luz solar. Esta sala fue regalada al zar Pedro el Grande, por el rey alemán Friedrich Wilhelm I de Prusia, tras comprobar el estado del zar al ver tan maravillosa obra artística. Fue instalada en el Palacio de Invierno en 1755, pero la emperatriz Elizabeth ordenó su traslado al Palacio de Catalina la Grande. Al no haber suficientes paneles de ámbar para cubrir todas las paredes, los huecos fueron suplidos por hermosos espejos y mosaicos imitando el ámbar.

En la 2ª Guerra Mundial las tropas nazis desmontaron la sala para llevársela a un destino desconocido, y es aquí donde empieza la leyenda de esta magnífica Sala de Ámbar.

Mi relación con el ámbar, (llevo con estas resinas desde hace más de 10 años), pues está en la primera joya recibida como regalo de una amiga polaca, que me abrió a un mundo que desconocía y que me atrapó desde entonces, leyendo todo lo concerniente a esta resina o gema orgánica, y procurando hacerme con una hermosa colección de esa gema.

Las mejores colecciones del mundo:

  • Museo de Ciencias Naturales de Álava.
  • Museo Geominero de Madrid.
  • Museo de Zoología Comparativa de la Universidad de Hardvard. Cambridge, EEUU.
  • Skive Museum de Dinamarca.
  • Museo de la Tierra, Varsovia, Polonia.
  • Museo Natural de la Universidad de Humboldt, Berlín, Alemania.
  • Rosenborg, Copenhague, Dinamarca.
  • Museo Mundo de Ámbar de Santo Domingo. República Dominicana.
  • Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.