Nikon AF-S DX Nikkor 35 mm f/1.8

Buscando el ampliar mi equipo fotográfico le pedí a un amigo si me podía dejar su objetivo 50mm para la Nikon. Estaba considerando comprar un 50mm luminoso o bien un 35 que fuera también muy luminoso. El objetivo en cuestión que me dejó es el Nikon 35mm de apertura máxima 1.8 y por ahora lo que estoy viendo me está gustando mucho.

Un objetivo fijo quizás no es lo primero que uno se compra cuando adquiere una cámara, pero tarde o temprano sabe que su adquisición es prácticamente imprescindible.

Cuando adquirimos una cámara buscamos sobre todo un objetivo tipo zoom que nos de un rango bastante bueno de distancias focales y que nos permita tener un buen gran angular para la captación de paisajes y también se acerque a la zona de los teleobjetivos para captar bien los detalles y la fotografía de retrato. Esas razones fueron las que me llevaron en su momento a decidirme por el Nikon 18-200 VR ya que cubre un rango de 11 aumentos desde su zona más baja a la más alta, y en la posición más alta representa 6 aumentos con respecto a la vista normal.

La parte negativa de los zooms es que cuanto más rango de distancias focales abarcamos menos luminoso es el objetivo. Si os fijáis en los objetivos de las cámaras (compactas o no) en todos ellos viene un número (o par de números) precedidos por una f, que nos indica la relación máxima de área que el diafragma puede estar abierto con respecto al área de la lente. Quiere esto decir que si ese valor de f fuese de 1 y nuestro objetivo tuviese una lente de 50mm de diámetro el diafragma podría estar abierto todo lo que da la lente, pero como esto nunca es así vamos a ir perdiendo la capacidad de dejar entrar tanta luz en nuestra cámara. Un zoom normal se suele mover entre los valores de 4.5 y 5.6 lo que nos dice que el área que podemos tener el diafragma abierto es de entre 8 y 16 veces menor al tamaño de la lente, lo que implica a su vez que tenemos que tener unas velocidades de entre 8 y 16 veces más lentas.

Obtener objetivos zoom más luminosos implica desembolsar mucho dinero y movernos en cifras fácilmente superiores a los 1.500 €.

Hay otros factores que nos animan a usar un objetivo luminoso como este. Uno de ellos es la profundidad de campo. Podemos definir dicha profundidad de campo como la distancia que permanece enfocada por delante y por detrás de nuestro sujeto. Uno de los factores que influyen a dicha distancia es la apertura del diafragma, haciendo que dicha profundidad de campo disminuya según aumenta la apertura. Esta es una propiedad que nos es muy útil cuando hacemos retratos, ya que nos permite tener al sujeto perfectamente enfocado y el fondo desenfocado haciendo que no nos distraiga la vista del motivo principal.

Asociado a la profundidad de campo tenemos otra propiedad llamada bokeh. Esta palabra de origen japonesa hace referencia a calidad y la forma de esa zona desenfocada. Un objetivo con un buen bokeh hace que la zona desenfocada presente unos halos redondeados que dan una sensación muy agradable en los retratos. La forma de esos halos tiene que ver con la forma del diafragma y las cortinillas que lo forman. También depende de la calidad y el número de lentes que forman el objetivo. Con el 50 mm 1.8 de Nikon tenemos una buena combinación de todos estos elementos.

En mi caso estaba interesado en probar algunos trucos de “bricolage fotográfico” y por eso quería un objetivo luminoso y con un buen bokeh. El truco consiste en que se puede conseguir que los halos que se producen en los reflejos, pasen de ser circulares a adquirir la forma que nosotros deseemos. Para ello necesitaremos simplemente una cartulina de color negro y en ella realizaremos un agujero con la forma que deseamos que adquieran los halos. Lo colocamos en frente de nuestro objetivo con ayuda de un “portafiltros” casero y colocamos la apertura al máximo y buscamos enfocar a objetos que estén lo más cercanos posibles. Todos los reflejos que estén a más de 1 metro o así se estamparan con la forma que nosotros le hayamos dado. Abajo os dejo un par de imágenes para que os hagáis una idea de cómo realizar el experimento y cómo pueden ser los resultados, a partir de ahí cada uno con su imaginación y creatividad.

Decir finalmente que en las cámaras digitales tenemos un factor de conversión de los objetivos de x1.5 con lo que nuestro 50mm pasa a ser un 75mm y de tener un ángulo de visión parecido al humano tenemos un ligero aumento de la imagen. Esa es la razón por la que me estaba planteando adquirir un 35mm pues al cambio se quedaba en un 50mm, pero aún así no me importa seguir con el 50mm pues se adapta bien para retratos y la distorsión no es excesiva.

Para terminar, comentar que el objetivo presenta un diámetro de 52mm por eso de si necesitáis comprar filtros y demás.

Hoy en día su precio ronda en Internet los 150€. Su compañero de marca, el Nikkor 50mm 1.4 pasa a valer los 300€. Sólo ganamos medio punto de luz, pero la diferencia principal está en la calidad del mismo.

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