En casa usamos un arañador para la gatita. Pero básicamente es para los gatitos que ella va teniendo que son más revoltosos.

Bien, hasta hoy mismo yo pensaba que los gatos te rasgaban todos los muebles para afilarse las uñas jeja. Y parece que no es así. En un principio, los gatos se afilan las uñas para marcar su territorio porque se ve que tienen unas glándulas en las zarpas que emiten un olor al afilarse las uñas. Marcan lo que es suyo. Entonces yo me pregunto ¿Cuando estoy en el sillón y viene el gato se sube encima y se empieza a afilar las uñas en mi camiseta, que es lo que quiere para él, la camiseta o yo? jeje. Al final se va a hacer él él amo de toda la casa y de todo el mundo.

Aunque, si el gato no hace bastante ejercicio, entonces también se afila las uñas para su propia salud.

Al principio cuesta mucho que el gato vaya al arañador, el truco es ponerle un juguete que le guste colgado encima. Yo le tengo una bola con un cascabel dentro. La gata se tira horas embobada allí. A la que consigues que vaya la madre, los hijos ya irán, poco a poco, afilándose las uñas allí también. Una vez, que ya se haya habituado a afilarse las uñas a algún sitio, puedes empezar a mover él arañador a algún sitio que no se vea tanto.

Yo lo tengo en mi habitación más que nada porque el gato pasa casi todo él tiempo allí. Me va siguiendo a todos sitios, y cuando no puede llegar a donde estoy, porque haya alguna puerta cerrada o este por fuera en la calle, empieza maullar de mala manera jeje, sea la hora que sea, y donde sea. Por eso se llama gata «parlante» jeja. Total, que una vez el gato se ha habituado al arañador, puedes colocarlo donde te quieras de la casa.

Yo creo que para los que tenemos animalitos en casa, está bien de vez en cuando comprarle alguna chorradilla de juguete o cosas que hagan que se sientan más cómodo. Tampoco no es excusa lo que valen, ya que como puedes ver a continuación, son bastante económicos

Rascador de cartón para gatos

Es un rectángulo de cartón, con solapa que se desprende fácilmente. Dentro de la caja hay unas guías también de cartón, dispuestas de forma que el gato pueda afilarse las uñas sin problema.
Además, está impregnado de salvia, que es una planta que atrae mucho a los gatos. Es ponerles el arañador cerca, dejar que lo huelan, y lo arañan fijo.

Otra cosa es que se acostumbren a arañarlo siempre, y dejen hábitos antiguos, como arañar muebles, o alfombras, debajo del sofá o del arcón de la cama (esto último es lo que nos pasaba a nosotros, ahora ya no), etc.

Los vicios son difíciles de dejar, tanto para las personas como para los gatos, así que nadie puede asegurar que lo hagan. Qué duda cabe que, cuanto antes se empiece a enseñar al gato dónde rascar y dónde no, más fácil resultará que lo haga así. Si es mayor, y le «priva» rascar en «zona prohibida», si al menos rasca en este rascador, o en uno de tronco o cuerda, o en una esterilla de coco de vez en cuando, ¡son menos arañazos que se llevan los muebles de casa!También agradece la suavidad del cartón, porque ahora a veces se queda dormitando encima, seguramente disfrutando del olor a salvia.

Entre sus ventajas, destaco:

  1. Es ligero, fácil de transportar, tanto si lo traes de la compra, como si lo llevas contigo en el coche para las vacaciones (o si tienes opción, lo compras directamente allí, y un trasto menos que cargas en el coche).
  2. Cabe en cualquier sitio, una ventaja con respecto a los aparatosos arañadores para gatos con cuerdas, o con juguetes y caseta, no aptos para pisos o balcones pequeños. Se podría dejar hasta en el suelo de la cocina o del baño.
  3. Higiénico y limpio, ya que no hace falta lavarlo (bueno… más bien no se puede lavar, je), sólo se cambia por otro cuando el gato haya acabado de arañar todo el cartón. Punto especialmente importante cuando hay niños pequeños en casa.
  4. Es seguro para los niños, ya que sólo es de cartón, no como los de tronco de madera, que tienen astillas. En los laterales, por dentro del envase, tiene semillas o partes secas de salvia, pero como está cerrado, no hay forma de que lo cojan los bebés y se lo lleven a la boca, ya que hace falta un mínimo de fuerza para despegar los laterales.
  5. Relativamente barato, porque, aunque haya que cambiarlo de vez en cuando, puede, dependiendo del gato, durar entre dos y tres meses (calculo yo en general, claro, porque ¡no es lo mismo un gatito de 3 kilos que una fiera de 15!).

¿A quién se lo recomiendo?

  1. Para los que disponen de poco sitio para los «trastos» del gato.
  2. Para los que precisan una higiene absoluta, y un arañador de cuerda o similar no les ofrece las mismas garantías.
  3. Para los que, teniendo más de un gato, resulta que además de hacerse la manicura arañan para marcar el territorio, porque en ese caso con dos rascadores estaría solucionado el problema (no es cuestión de que uno te arañe el dormitorio de madera antigua de la abuela, y el otro el de haya sueca de tu habitación, por mucho que se pongan de acuerdo y no se peleen).
  4. Para gatos delicados por algún motivo, sea o no temporalmente, y el cartón no les exige hacer grandes esfuerzos a la hora de arañarlo.
  5. Para familias con niños pequeños, no porque ellos precisen el arañador, sino porque el material del mismo es higiénico y seguro (sólo cartón).

Me pareció práctico, sencillo, barato, y único (o casi) en el mercado, cuatro razones que creo bastan para ello.

Sé que los gatos tienen que «arreglarse» las uñas de todas todas, y este producto soluciona el problema que puede haber con los muebles. Siempre hablando en general, por supuesto, hay gatos que bajan por las cortinas en plan Tarzán, y otros que no sólo arañan los muebles caros, sino a algún miembro de la familia si se le acerca demasiado! (En ese caso, poneos el rascador en la cara antes de acercaros al tigre.)

¿Merece la pena comprar un rascador para gatos?

A Otto le encanta, tiene un rascador nuevo cada dos meses, que recién estrenado huele a salvia, mi olfato no es tan fino para percibirlo de lejos, pero él se pone a olfatearlo todo emocionado, así que debe de ser una especie de «Eau sauvage» para gatos. El aroma dura, porque no es que esté «pulverizado» en el cartón, sino porque hay partes secas de la planta de salvia (semillas, parecen) pegadas a ambos lados del rascador, en la parte interna, de forma que, aun pasado un mes, si acercas la nariz, o abres un poco el cartón, notas el olor perfectamente, y resulta agradable en extremo.

Más barato resulta siempre una esterilla de coco, de las que se ponen en las entradas (les encantan), pero no es tan higiénico cuando hay niños pequeños. Cuando sean mayores, seguramente le pondré una esterilla, cuestan alrededor de 6 € y duran años, ¡si es que no se acostumbró tanto a la salvia, que no consigo que se «desenganche»!.

Colocado sencillamente en el suelo, le permite rascar a gusto, en la clásica postura de escarbar, que ya sabemos todos cómo les «priva». No está para hacer mucha gimnasia sueca, ya no está para muchos trotes, es un gato ya mayor (10 años); vamos, lo que los fabricantes de comida denominan «gato senior», oigh, qué fino.

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Ya no araña la mesa camilla, está visto que se ha hecho más comodón. Cosa que no me importaría. Sobre todo, si con ello no se vuelve a subir a la barandilla… porque no sé yo cuántas vidas le quedan todavía…